Francisco de la Barrera/ Vivir con el fuego: la amenaza latente que ignoramos

Imagen: Noticias UdeC

28 de septiembre/ El Sur/ A partir de la película Afire, el investigador Cedeus reflexiona en que convivimos con incendios que parecen lejanos, pero que avanzan silenciosamente hasta hacerse inevitables.

La película Afire (El cielo rojo) tiene una genialidad difícil de pasar por alto: los incendios están siempre presentes, pero nunca se ven. Son amenaza, música de fondo, una tensión que avanza lentamente hasta hacerse inevitable. Y en esa representación hay mucho de lo que vivimos en Chile y especialmente en ciudades rodeadas de vegetación.

Durante años, mientras vivía en Santiago, los incendios forestales eran algo distante, usualmente a cientos de kilómetros, y apenas noticias en televisión. Al mudarme a Concepción, comprendí que esa distancia era ilusoria y más corta: el fuego está cerca, puede aparecer en cualquier momento (y aparece) y, sin embargo, seguimos con nuestra vida cotidiana como si no existiera.

Esa convivencia con el fuego, que a veces asumimos por sanidad mental, también refleja una preocupante normalización. Cuando escuchamos que se quemaron 30 mil hectáreas o que un incendio avanzó nueve kilómetros en media hora, nos cuesta dimensionarlo e incluso lo registramos como cifra fría. Hasta que no vemos casas destruidas, animales heridos o la muerte de personas, el problema parece ajeno, poco relevante.

Hoy sabemos que la amenaza de los incendios forestales es permanente y cada vez mayor. Ya no se trata solo de veranos extremos: grandes incendios ocurren con 20 grados de temperatura o sin vientos fuertes. La “regla del 30-30-30” (indica que el riesgo de un incendio forestal se vuelve extremo cuando se cumplen tres condiciones simultáneamente: temperatura superior a 30°C, humedad relativa inferior al 30% y viento superior a 30 km/h) no nos es válida.

Si bien el origen de los incendios es prácticamente siempre antrópico (el fuego lo encendemos nosotros por acción u omisión), podemos hacer mucho para evitar que inicien e incluso impedir que se propaguen con tal violencia. Sin embargo, al ser ajeno, es común esperar que otros hagan algo, como si la solución dependiera únicamente de la autoridad o de los técnicos.

Vi esta película gracias al CineClub de la Facultad de Ingeniería UdeC y me dejó muchas reflexiones. Sin embargo, quiero insistir en que el fuego ya no es -si acaso alguna vez lo fue- un fenómeno lejano ni excepcional: hoy forma parte de nuestra vida en ciudades y territorios. La pregunta es si seguiremos conviviendo con él como simple música de fondo, o si asumiremos de una vez la responsabilidad de no solo cambiar nuestras prácticas, sino de movilizarnos para transformar los territorios y prepararnos para un presente en el que los incendios son cada vez menos “invisibles”.

Fuente: El Sur